Y que fueron estos días en el
huracán, que la ciudad se oscureció y abrió lo que temía le gente de adoptar
aquella desconexión del mundo contemporáneo, básicamente una sobrevivencia con
velas, agua y galletas, en otras palabras, una impotencia no persuadida
totalmente, como un giro en contra de lo habitual a un estado confuso e
inseguro.
Pues mi vecina me regaló leche, con el eso que nunca antes me había
hablado antes desde que me mudé a Greenwich Village, entonces fue que me di
cuenta que la gente se puso sensible. En las calles todos interactuaban como si
fuera un pueblo pequeño, las cafeterías regalaban cafés con bagels y hasta el
silencio mismo del flujo de la sociedad desapareció, fue como si los árboles
cantaran shhh shhh shhh, fuuu fuuu fuuu, kkkk kkkk kkkk y el viento gritara
woooo woooo woooo, ffff ffff ffff, ziii ziii ziii, una prosa poética escrita
por la naturaleza misma. Que momentos únicos aquellos, que hasta me olvidé de devolver
el bidón de la leche que mi vecina me prestó, ella ni se dio cuenta.
Es tal vez este tipo de contrastes cual hace a la gente despertar de
aquel sueño eterno e infinito, que muchas veces nos vemos inmersos en
irrealidades. O por el mucho trabajo o el desorden en la cotidianidad que hace
a la persona llegar a un punto de intolerancia misma, perdiendo la noción de
las cosas y actuar de forma inconsciente, que a veces funciona, pero
generalmente va ligado a puntos de desesperación incontrolables, la mayor parte
agresivas. Puede ser entonces saludable la idea de tener huracanes para meditar
del echo y tratarlo, y así evolucionar.
No había nada mas que hacer entre ella y yo que hablar, los cuartos
oscuros completamente sin la opción de hasta leer un libro, o es que tal vez el
echo de tener dos personas encerradas en un espacio único obliga a cada uno de
ellos a relacionarse mutuamente por naturaleza existencial. ¿Cuál la
experiencia de una persona solitaria en este tipo de casos entonces? ya me
contaron que llegas al aburrimiento por el monótono momento, como si cruzaras
el océano atlántico encerrado en una burbuja, nada mas que hacer, o por otro
lado estar encerrado con un grupo de personas, cual acorde al tiempo, se genera
ese ambiente infernal. De todos modos, la sobrevivencia mutua es un referente
existencial al ser tratadas las personas mutuamente, entre jugar y perder.
Finalmente no cabe duda que la naturaleza es dueña de la última
palabra, que las ya muchas subjetividades creadas por el hombre puedan estar
diseñadas lógicamente para ser manejadas en cierta manera para crear un nuevo
mundo constantemente, son estos hechos naturales los no pronosticados que nos
lleva a cambiar el modo de vida en si, quien sabe que vaya a pasar si la
probabilidad que en unos años mas la tercera guerra mundial se defienda con
palos de madera, una utopía muy probable ligada a nuestro propio diseño
evolutivo, de hombre al hombre.
| Hammer, metal covered with confetti with a stick, New York, New York, 2012 |