Todo
mal por algún motivo, es que tal vez algunas veces las expectativas son falsas
hacia aquellos imaginarios imposibles, o es que tal vez son muchas otras cosas
las cuales tienen que ser tratadas, es como un sin fin de tratamientos. Que se
puede decir ahora, te duermes y te hacen despertar con cohetillos, esos que
usan para marchar, ya ni hay tiempo para descansar, todos te quieren hacer
despertar.
Fue
entonces que paró el coche, en esa esquina de algún lugar en Santa Cruz, el
parabrisas se convirtió en la pantalla de la película. En ella apareció una
pareja muy humilde en plena luz del día entre abrazos y besos, el bus que llevaría
a esa hermosa mujer, de pollera con dos trenzas largas y el sombrero largo que
la cubría del intenso sol en ese medio día infernal, se despidió de lo que se
podía presenciar de aquel amante que la hacía complementar, tenía que irse
rápido ya que el transporte público no la podría esperar por mucho tiempo, y en
aquella prisa donde las palabras se entremezclaban entre los gestos y miradas,
cogió el bus parada casi en el borde despidiéndose con aquella mano que ansiaba
tocar a ese hombre, quien se quedó un tiempo hasta ver desaparecer aquel bus e
irse caminando a lo que tal vez pueda haber sido su lugar de trabajo o quizás
su casa, pues lo que si pudo ser presenciado, es que regresaba lentamente una
alma solitaria que desvanecía a cada paso por la peatonal, y el viento cubrió
el parabrisas otra vez.
¿Será
que tal vez el mismo infierno sea la propia gente? Es tal vez por aquel lamento
continuo, que evoluciona a una trascendencia, llegando al punto de perder
interés en las cosas donde aquella esperanza utópica desaparece paulatinamente.
Tal vez con un papel naranja y unas cuantas líneas del bolígrafo negro llegaran
algunas formas que solucionen aquella errónea trascendencia, como tratar de
entender el papel naranja o que el papel naranja te pueda entender, que a veces
todo llega a ser bien confuso en la mutua correlación.
Pongamos
esta escena. El bus se jode en pleno camino, el chofer baja con la gente para
ver el problema, cual efectivamente, el motor estaba completamente echo mierda.
El discurso fue de cómo es posible que pueda trabajar este tipo de vehículo tan
peligroso por su inestabilidad, la gente gritaba y generaba una tensión entre
ellos y los choferes del bus, es que ya ha todos no les importa, o es que se
cagan. En ese viaje aún largo por recorrer, no había otra cosa mas por hacer
que esperar, se había enviado otro bus. Se hablaba por hablar, se insultaba por
insultar, el sol radiaba a lo lejos y el bosque presenciaba la escena. ¿Cómo
tal vez entrar en ese juego de sin interés? Con la misma suerte, que no se basa
ni en el conocimiento o la fuerza bruta, sino como te salen las cartas hacía
aquel triunfo innegable. Se le ganó 10 Bolivianos al chofer, reconociendo su
pérdida, escapa para no continuar y perder mas de lo que su sueldo se lo
permitía. Tal vez hasta el día de hoy se acordará de haber sido humillado por
la suerte de la Loba.
Es como
estar “kencha” de algo, que lo haces por así decirlo con amor que llega en
desgracia y muchas otras pérdidas. No es el echo de obviarlo, sino de
afrontarlo y ver como encontrar la escalera para llegar al otro peldaño, tal
vez los cuartos eran muy oscuros donde no se podía ver nada en ese momento. Ya
será aquel día que todo tenga relación, al fin y al cabo fue la existencia la
pasada, que sirve de pretexto y escusa por así decirlo, como fumarse otro cigarrillo.
| Bottle, art object, bottle covered with metal wool, New York, 2012 |