

Suerte de carretera
Hubo una vez un perro en la carretera. No se sabe con certeza el por qué de su aparición, del sentido de estar en ese lugar y del fin al que quería llegar. A este ser sólo se lo encontró con su cabeza torcida, después de haber girado unas dos veces el eje estructural de su constitución esquelética, botando su lengua con todo el tubo digestivo por la boca y con una fisura en el área de su estómago por donde se desprendieron todos los órganos interiores manchados de sangre, en medio de la carretera, todo causado por un vehículo que transitaba como todos los demás.
Esta imagen representa el tránsito de la vida a la muerte en forma impactante e incalculable. El impacto es ocasionado por una irregularidad en la regularidad. Sabemos bien que en la carretera pasan autos a gran velocidad. Este raudo paso, como la vida, un momento constante de alta velocidad, es totalmente cotidiano, pero colisiona cuando aparece una anomalía en la normalidad.
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El momento del impacto es considerado algo no cotidiano, que tiende a influir en el pensamiento por haber provocado una imagen, una impresión y una conmoción, que puede perdurar y trascender en la mente del causante. A eso se lo puede definir como “virus recordatorio”, lo que da vueltas en tu cabeza una y otra vez creando lamentaciones, tristezas y arrepentimientos, formando una barrera en la dirección llevada hasta en entonces, obligando a tomar otro rumbo para llegar al fin anteriormente fijado.
Virus recordatorio ------------------------------------------- cambia el sentido de vida
El tiempo es inexistente en la creación y la muerte, por el hecho que no se tiene con seguridad el momento en que un ser existe y deja de existir. Tales realidades constitutivas del ser cuestionan al tiempo, confundiéndolo con la inexistencia, pero existe cuando hablamos de la vida en sí, puesto que es medido en etapas, periodos o épocas establecidas. El momento de la muerte del perro atropellado fue tan rápido como el de su nacimiento: velocidad discreta.El flujo del movimiento en la carretera cambia por el impacto estático surgido, dejando a un lado el sufrimiento de la víctima, que sin darse cuenta, dejó de existir, y es la suerte la solución alternativa, como aquella vez que hubo un perro en la carretera.